jueves, 11 de octubre de 2007

LA VIDA DE LOS OTROS




Realidad alemana, drama y perturbación son los ingredientes perfectos para hacer de este largometraje uno de los más bellos, fascinantes y cautivadoramente emotivos que se han visto en los últimos años en una sala de cine.

El guión de esta película se basó en historias y experiencias de los propios actores, en su mayoría alemanes, que han experimentado en carne propia el clima hostil que se vivía en 1980 entre Alemania Oriental y Alemania Occidental.


Los personajes están bien marcados, cada uno de ellos es un mundo por descubrir, y es que se trabajó arduamente en la elaboración de ellos. Es por eso que en el transcurso de la cinta será muy fácil identificarse con alguno de ellos. Entre estos protagonistas se verá una serie de sentimientos encontrados de los cuales sobresalen la empatía, el odio, la impotencia y el dolor.

La historia narra el espionaje de la RDA hacia una pareja de intelectuales que se piensa que tienen pensamientos pro-occidentales, es entonces cuando entra a tallar el poder de la dictadura para inmiscuirse en las vidas de estos, trasgrediendo los parámetros de la privacidad e intimidad. Donde los afectados son el escritor Georg Dreyman y su novia Christa María, de la cual está enamorado el Coronel Grubitz que toma como excusa la posibilidad de que la pareja pudiera estar en contra de la ideología de Alemania Oriental y con esto saber todo acerca de Christa María.

Los efectos utilizados para esta producción son mínimos y es que es tan cautivadora la historia de principio a fin que se valen de estos pocos efectos para sumergir al público de tal forma que se sientan parte de la historia. Las grabaciones se realizaron en su totalidad en Alemania, y la mayor parte de locaciones fueron en Berlín.

El director de la cinta ,Das Leben der Anderen, decidió que la secuencia de grabación se realice de manera cronológica, aunque al hacer esto demande más inversión de dinero y tiempo ayudó a que los actores se metan de lleno en la cinta. Por tal motivo cabe mencionar que se cuidó hasta el más mínimo detalle en la ejecución y producción de esta obra, que además fue galardonada con un Oscar por mejor película extranjera.


La vida de los otros se incluyen dentro notables películas como God Bye,Lennin y “La caída” para dar cuenta de que el cine alemán está tocando las más profundas heridas de su pasado para transformarlas en interesantes y valiosas producciones.

EL BARRIO CHINO



Olor a chifa. Un aroma que no pasa desapercibido. Una calle muy peculiar que enmarca el contraste entre lo chino y lo peruano. Letras no codificadas en nuestro idioma en el frontis de las tiendas, faros, bancas, adornos que nos transportan al otro lado del mundo. Personas vienen y van a rauda velocidad. Para muchos este lugar es un simple corredor que sirve de conexión entre negocio y negocio. Para otros va mucho más allá.

Desde sus inicios la Calle del Capón, ahora solo llamada “Capón”, ha sido un lugar muy transitado por los limeños, lleno de bullicio y comerciantes por doquier. El estar junto al Mercado Central (construido a mediados del siglo XIX) ha marcado gran parte de su historia debido a que, si no fuera por estas circunstancias, tal vez nunca hubiese alcanzado la popularidad del momento.

Esta calle existió antes de la llegada de los chinos culíes al Perú y se le llamaba de esta forma porque era allí en donde se capaban a los cerdos para luego engordarlos y venderlos junto a gallinas, pavos, entre otros animales y productos alimenticios.

Es así que queda clara la errada idea de la familiaridad entre Cantón y Capón. Como menciona Mariella Balbi en su libro Los Chifas en el Perú (1999), “... En donde los limeños se abastecían diariamente, no sólo estaban los chinos. En los alrededores del Mercado Central también se habían instalado italianos y españoles que vinieron a mediados del siglo pasado”.

Este lugar se caracteriza por su orientalidad. Los colores, sabores y olores hacen de esta calle el corazón de un verdadero barrio chino, uno de los mejores en el planeta. “En un estudio a nivel internacional presentaron 13 barrios chinos del mundo entre los cuales está el del Perú”, comenta el presidente de la Asociación Peruano-China Luis Yong.

Comerciantes innatos
Si se tiene que hablar de tradición, cuna y escuela no se puede obviar que los chinos fueron a través de la historia grandes comerciantes, es por eso que cuando llegaron los primeros chinos a nuestro país buscaron todas las posibilidades de negocio para sobrevivir en un lugar que les era extraño.

Un gran ejemplo de ello son las grandes galerías ubicadas en esta calle que ahora son uno de los centros magnéticos comerciales más importantes del Perú. Ahí están situadas las grandes importadoras de artículos chinos, como porcelanas, adornos y artículos esotéricos, entre otros.

Por otro lado, el turismo externo está incrementando cada vez más por la zona y se debe a que Perú ha sido declarado destino gastronómico del mundo. De igual forma este fenómeno también se logra divisar en el turismo interno, gente de varios distritos se da cita a Capón para disfrutar de un paseo lleno de encanto, magia y folclore al mejor estilo oriental.
El misticismo chino juega un papel importante como atractivo turístico, el horóscopo chino ha despertado nuevos adeptos entre los ciudadanos limeños, en el barrio chino se ven colas interminables y no necesariamente para ingresar a un chifa sino para tener alguna consulta con un astrólogo chino.


No se puede dejar de lado el gran auge de los chifas que muestran la fusión de dos culturas milenarias. El dos sabores encuentro entre estos muy similares ha logrado crear una marca internacional. Además está dando muchos beneficios a la gastronomía peruana como lo ha logrado la inserción del cuy en este campo

Capón es una de las herencias más grandes que nos ha dejado la cultura. Representa el choque de dos culturas, que no buscaron opacar la una a la otra sino que supieron unirse para dar a luz un nuevo concepto cultural.

lunes, 10 de septiembre de 2007

Cementerio Nueva Esperanza


Vida, muerte y folclore

“Panteonero déjame pasar a la tumba de mi madre. Quisiera verla, quisiera cantarle en la tumba del cementerio”. Se oye triste la canción de un huaynito ayacuchano acompañado por las notas de una vieja arpa. La melodía suele pasearse por lo cerros, bajo la neblina y entre las tumbas del segundo cementerio más grande de Latinoamérica. Estremeciendo aun más el ambiente tétrico pero folclórico del lugar.

El Cementerio Nueva Esperanza de Villa María del Triunfo no es como cualquier camposanto limeño. Ninguno como este cuenta con caminos serpenteantes y empinados, tumbas divididas por montículos de piedras en los cerros, lápidas anónimas, caos de nombres en las cruces y la ambigüedad de la muerte: el lamento de la pérdida y el gozo hacia la mejor vida.

En Lima corrían los años cincuenta, la inmigración era cada vez mayor y los nuevos visitantes se concentraron en los conos. Había pocos cementerios en la capital y muchas muertes al día, estos no se daban a basto para enterrar a todos. Por este motivo la pobreza forzó a que se realicen entierros clandestinos en las pampas desabitadas. En 1960, la municipalidad atendió el desorden y legalizó a Nueva Esperanza como cementerio comunal.

“El crecimiento de VMT fue de manera vertiginosa porque en esas épocas se realizaban 15 entierros diarios y era predecible su extensión. Ahora cuenta con 64 hectáreas y a pesar de la demanda aún hay más capacidad”, ostenta el administrador del cementerio Lud Gardo Cassanova.

No todo está muerto en el camposanto. A los alrededores hay mucha vida y es que la pobreza obliga a buscar un hogar en el lugar menos pensado. Por eso no es extraño ver casas al costado de algún nicho, observar a los niños jugar con las cruces mientras que en frente de ellos se realiza un entierro.

Adentrándose en el cementerio, uno se da cuenta que tanto los vivos como los difuntos continúan con sus costumbres heredadas de su lugar de origen. Por eso se dividen en 24 zonas distintas para enterrar a su ‘muertito’.

“La particularidad de este campo santo es que si naciste en Huancayo te pueden enterrar en la zona de los Huancaynos, si pereciste a los quince años pueden sepultarte en la zona Quinceañeras o en la zona de Niños, todo depende de la familia”, sostiene Luis Reppeto Presidente de la Red Iberoamericana de Gestión y valoración de cementerios patrimoniales.

Asimismo, al momento de subir y bajar de los cerros, seres coloridos dan la bienvenida a los deudos. Son 15 músicos los que trabajan dentro del cementerio, quienes por cinco soles cantan y tocan tres temas de diferentes departamentos.
“Nuestro trabajo es contradictorio, no le deseamos mal a nadie, pero nosotros vivimos de la muerte. No somos ajenos al dolor, no es un oficio fácil”, suspira vagamente Henry Soto arpista del cementerio.

Con voz fuerte y sentido pesar, se escucha la oración en quechua de un reconocido orador. Un hombre rechoncho, vestido de luto que con cada palabra entonada enrojece más su rostro. Luego de “oficiar” su misa y de robar una que otra lágrima, se quita el sombrero y lo pasea entre los deudos. ”Gano más platita cuando pido una colaboración que cuando cobro una cantidad exacta a la familia”, refiere.

Esta necrópolis otorga la libertad a sus visitantes de compartir tragos y almuerzos con el familiar ausente. También permite celebrar el reencuentro al ritmo de huaynos y con una cerveza en la mano.
Una bocanada de humo recorre el cielo. Entonces aquel instante se hace eterno, y es cuando la vida, la muerte y el folclore se vuelven uno para darle forma a Nueva Esperanza.