lunes, 10 de septiembre de 2007

Cementerio Nueva Esperanza


Vida, muerte y folclore

“Panteonero déjame pasar a la tumba de mi madre. Quisiera verla, quisiera cantarle en la tumba del cementerio”. Se oye triste la canción de un huaynito ayacuchano acompañado por las notas de una vieja arpa. La melodía suele pasearse por lo cerros, bajo la neblina y entre las tumbas del segundo cementerio más grande de Latinoamérica. Estremeciendo aun más el ambiente tétrico pero folclórico del lugar.

El Cementerio Nueva Esperanza de Villa María del Triunfo no es como cualquier camposanto limeño. Ninguno como este cuenta con caminos serpenteantes y empinados, tumbas divididas por montículos de piedras en los cerros, lápidas anónimas, caos de nombres en las cruces y la ambigüedad de la muerte: el lamento de la pérdida y el gozo hacia la mejor vida.

En Lima corrían los años cincuenta, la inmigración era cada vez mayor y los nuevos visitantes se concentraron en los conos. Había pocos cementerios en la capital y muchas muertes al día, estos no se daban a basto para enterrar a todos. Por este motivo la pobreza forzó a que se realicen entierros clandestinos en las pampas desabitadas. En 1960, la municipalidad atendió el desorden y legalizó a Nueva Esperanza como cementerio comunal.

“El crecimiento de VMT fue de manera vertiginosa porque en esas épocas se realizaban 15 entierros diarios y era predecible su extensión. Ahora cuenta con 64 hectáreas y a pesar de la demanda aún hay más capacidad”, ostenta el administrador del cementerio Lud Gardo Cassanova.

No todo está muerto en el camposanto. A los alrededores hay mucha vida y es que la pobreza obliga a buscar un hogar en el lugar menos pensado. Por eso no es extraño ver casas al costado de algún nicho, observar a los niños jugar con las cruces mientras que en frente de ellos se realiza un entierro.

Adentrándose en el cementerio, uno se da cuenta que tanto los vivos como los difuntos continúan con sus costumbres heredadas de su lugar de origen. Por eso se dividen en 24 zonas distintas para enterrar a su ‘muertito’.

“La particularidad de este campo santo es que si naciste en Huancayo te pueden enterrar en la zona de los Huancaynos, si pereciste a los quince años pueden sepultarte en la zona Quinceañeras o en la zona de Niños, todo depende de la familia”, sostiene Luis Reppeto Presidente de la Red Iberoamericana de Gestión y valoración de cementerios patrimoniales.

Asimismo, al momento de subir y bajar de los cerros, seres coloridos dan la bienvenida a los deudos. Son 15 músicos los que trabajan dentro del cementerio, quienes por cinco soles cantan y tocan tres temas de diferentes departamentos.
“Nuestro trabajo es contradictorio, no le deseamos mal a nadie, pero nosotros vivimos de la muerte. No somos ajenos al dolor, no es un oficio fácil”, suspira vagamente Henry Soto arpista del cementerio.

Con voz fuerte y sentido pesar, se escucha la oración en quechua de un reconocido orador. Un hombre rechoncho, vestido de luto que con cada palabra entonada enrojece más su rostro. Luego de “oficiar” su misa y de robar una que otra lágrima, se quita el sombrero y lo pasea entre los deudos. ”Gano más platita cuando pido una colaboración que cuando cobro una cantidad exacta a la familia”, refiere.

Esta necrópolis otorga la libertad a sus visitantes de compartir tragos y almuerzos con el familiar ausente. También permite celebrar el reencuentro al ritmo de huaynos y con una cerveza en la mano.
Una bocanada de humo recorre el cielo. Entonces aquel instante se hace eterno, y es cuando la vida, la muerte y el folclore se vuelven uno para darle forma a Nueva Esperanza.

2 comentarios:

Saturna dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Saturna dijo...

entre tanta tumba y mas arena por doquier,hubó un momento en el que me imagine como habrá sido la vida de la persona,y que ahora piso su tumba,es un lugar enorme,te lleva a otra realidad y los cemnterios que uno tanto va y hasta se alegra del ambiente como jardines de la paz o el parque del recuerdo,zas!se depaprece al estar dentro de este recinto.
buen post.